viernes, septiembre 23, 2005

Cediendo - sediento

No puede ser, no puede ser que mi cuerpo siga cediendo noche a noche a la presión de esas caricias, a la tentación de una piel cuyo sabor ya conozco de memoria, cuyo sabor no lleva a placeres extraños y novedosos, sino a la misma rutina de siempre.

En cambio el color cobrizo, oscuro, terso y sediento de otras latitudes logró atraerme, su aroma fuerte que parece penetrarlo todo, inundarlo todo, hasta mis ansias y deseos, la perfección de sus formas encima y debajo de la ropa, encima y debajo de la lluvia, encima y debajo de ese sol inclemente.

A veces parezco sediento de nuevas emociones, de palabras distintas para denominar mi rostro y mi piel, de caricias más vivas y necesarias...y finalmente termino cediendo a una sonrisa hermosa que solo dibuja castillos de papel, que sólo deja el deseo y no da placer... o termino cediendo al placer fácil, a la lujuria rutinaria, al territorio conocido, EL mismo que sabe cómo hacerlo bien aunque no lo haga diferente.

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